Te imagino como un trazo. Cojo el pinzel y te compongo azul; como si fueses una melodía, lenta pero rítmica. Luego paso el dedo por encima y arrastro el color por todo el lienzo mientras pienso en tu espalda, tu curva, casi perfecta. Cierro los ojos y te siento, suave, incandescente, pues las llamas de tu piel abrasan las yemas de mis dedos. Con la otra mano recojo una nuez de negro ayudada con el pulgar y el índice y lo arrastro por el centro. Ahora dibujo tu rostro. En realidad no es un rostro, son dos rallas. Una es tu sonrisa, fría pero tan calida para mi... Y la otra tu mirada. Penetrante, fuerte, y con un no se que... De nuevo me sumerjo en la tela como si fuese una puerta del tiempo, volviendo a verte, rozando tu calor.
Autor: osiris
Fecha: 20/10/2004 18:19.
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