No precisamente en el botiquín. Ni en el mueble bar. Ni tan siquiera en el suicidio.
Pongamos que tienes una mesa con tres patas, y un día barriendo, pierde un taco. La mesa cojea, no puede aguantar nada porque todo se le cae. Desentona con la línea horizontal del espacio en cuestión, y como mesa se siente inútil. A esa mesa le hace falta otro taco. Y si no hay tacos, pues habrá que inventarse alguno, ni que sea con un trozo de papel.
Pues pongamos ahora que tú eres una mesa. Pierdes un taco (por tu culpa o no). Y te sientes mal. ¿Qué te hace falta?
Abrí la maleta, metí apresuradamente cuatro trapitos y un par de mudas limpias que tenía a mano en el primer cajón. Pasé por el baño bolsa en mano echando en ella todo lo necesario que iba pillando: cepillo de dientes, pasta, jabón, tampones... Volví a la habitación y cogí de la cómoda los papeles que una persona debe llevar encima para ser persona. ¿Su foto? La volqué sobre la mesa.
Acabé de llenar la maleta con cuatro cosas que creí oportunas, agarré las llaves, la cartera y el equipaje, y salí sin apenas respirar. Apenas. Pues cuando cerré la puerta inspiré profundamente y me puse a caminar sin mirar atrás. Sin pensar tampoco adelante. Tansolo caminé hacia la estación.
Autor: Philip Mondrian y la Tormenta
Esta parte de la historia no me entusiasma en absoluto... demasiado "tipica" no?
Fecha: 07/01/2005 05:58.