Y un buen día, el señor de la sonrísa infinita empezó a ponerse triste, su cara empezó a mutar, la boca se le hundió en la penuria, y los ojos a brillar. La piel medio arrugada por los años empezó a humedecerse por las lágrimas. Y desde entonces, el señor de la sonrisa infinita dejó de sonreir, se tapó el rostro con las manos e innundó el mundo de lágrimas inconfesables. Aún así en su interior, seguía sonriendo como el primer día.
-¿Dónde está el sol, Maika?
-Detrás de las nubes grises allá en el cielo, cariño.
-¿Y cuándo lo podré ver?
-Cuando realmente lo desees...
-¡Yo siempre lo he deseado!
-Pero no aquí,- le dijo Maika señalandole los ojos. - aquí y aquí.- Le señaló ahora la frente y su pecho.
-¿Ah sí? Entonces ahí en la Habana, saben desear muy bien... Algún día lo conseguiré.
Maika soltó una carcajada y continuó barriendo el salón. Mientras, el niño, continuó con la mano en el pecho deseando ver el sol como en la Habana. Haciendo sonreír al señor de las manos en el rostro.
Autor: Philip Mondrian
Y ese señor de las manos en el rostro llevaba bombin?
Fecha: 24/01/2005 22:08.
Autor: Alma
CAda vez te superas más, eh!!!
Cuídate, besos y un big abra:
Alma ;) (f)
Fecha: 25/01/2005 01:45.