El mismo día que Jorge y yo tomábamos tranquilamente café y nos reíamos juntos de mil histórias, tres calles mas abajo de la plaza, delante de la catedral paraba un coche nupcial, del que bajaba un apuesto chico, vestido de gris con una blanca flor en el ojal del bolsillo y una sonrisa miedosa bastante típica en estos casos.
Nosotros a esto de las cinco y media de la tarde saliamos de la cafetería en dirección del auto de Jorge, un espectacular BMW que ya quisiera yo misma. Creo recordar que ibamos a buscar a su por entonces pareja, Toni. Sí, a Toni era, pues al subir al coche arrancó dirección sur, hacia la urbanización donde éste vivía.
Dió la casualidad que la catedral nos quedaba de paso. Y justo en el momento que nosotros pasabamos, elegante la novia salía de una limosine tan brillante como ella. Y lo que son las cosas de la vida, por un segundo no estropeamos el supuesto mejor día de la vida de una pareja. El coche que nos adelantó, sin ver que estabamos parados por pasar la novia, se la llevó por delante. Dejándola tirada a un lado de la calle, habiendose marchado ya el tremendísimo carruaje. El padre de la muchacha se tiró al suelo al borde del infarto. El culpable de tal accidente salió calle abajo, sin poder ni verle la matrícula. Y nosotros, como es de lógica, nos paramos para llevarla al hospital.
Por suerte, Jorge "el hombre perfecto" sabía algo de atención médica en caso de accidentes.
No dejó que nadie tocase a la chica, la dejo tumbada en la misma exacta posicion y le fue metiendo una manta por debajo hasta poderla levantar entre los que estabamos presentes como una rígida tabla. Bajó los asientos traseros haciendo del maletero del auto un auténtico remolque, y tumbamos ahí a la chica.
Yo mientrastanto intentaba que no perdiese el conocimiento. Le mojaba el rostro con cuidado de no estropearle el maquillaje. La imagen de carita de porcelana que tenía la llevo aun en la cabeza. Estaba guapísima y daba una pena terrible verla en aquellas condiciones. Yo la cuidaba como si fuese mi muñeca de la infancia, para que no se rompiese.
Cómo pronunció su nombre en voz muy baja y resistente, "Agatha". Me resonó en el interior con más fuerzas aún para salvarle la vida. Y aún hoy cuando se lo oigo pronunciar cuando me llama, o habla de sí misma, me acuerdo de ese día como si fuese hoy.
Pues sí, así conocí a mi hoy queridísima amiga Agatha, y poco después a su hermana. Y a su família. Creo que aquel día, tanto yo como Jorge, aunque con él han conservado menos contacto, nos hicimos un poco parte de toda esa tribu. Y en realidad si en alguien pienso es en ellos cuando hablo de família. Es extraño llegar a analizar algo así, seguro que no soy la única persona a la que le ocurre.
Estubo bien al roce de la silla de ruedas, la condenada. Pero lo que hace la fuerza de voluntad es impresionante. Yo creo que si esa chica no tubiese la energia interior que calza, no hubiese ni sobrevivido al golpe. Le dejó lesiones serias eso sí, pero el tiempo hizo estragos y se ha recuperado como mínimo al 90 por ciento.
Estube mucho tiempo visitandola en el hospital, no podía evitar sentirme culpable incluso. Pues siempre he creído que Jorge se había acercado demasiado a la limosine y le tapabamos la vista al conductor que la atropeyó. De todas maneras, el que huyó fué él. Se evaporó hasta hoy que lo he recordado. Tengo su rostro clavado en el centro del cerebelo, por lo menos.
Y Luis, proyecto del día por entonces, y marido ahora. No se separaba de ella, hasta que me lo empecé a llevar a la cafetería a ratos, para que no se agobiase. Hoy somos grandes amigos también. Me lleva la gestión de la mayoría de cosas. Es abogado, y tiene una gestoría propia.
Un día me confesó que le encantaba la sonrisa que se le ponía a Agatha cuando pasaba vergüenza, y la alagaba en público para que lo hiciese. Y entre esas palabras se me puso a llorar en el hombro, pensando que era el fin, supongo. Y Agatha estaba iluminando la habitación de ganas de vivir que tenía.
Fue una situación dificil. Una joven sola, salía de la nada, y no tansolo ayudaba a una chica a sobrevivir de un accidente, rescataba su futuro matrimonio de un charco de lágrimas, alegraba a su família en los momentos mas difíciles, y dibujaba con colores una escena muy oscura. No me lo digo yo, no. Me lo llevan diciendo así desde la semana de estar en el hospital junto a ellos. En realidad soy un poco así, un dibujo animado con una sonrisa entre grandes mofletes rojos, y ojos chispeantes.
En el fondo no creo que haga nada malo viendo la vida así, cual niño que dibuja. Es toda una filosofía propia. Sin alegría personal, no hay alegría en nada. Y la alegría es importante. Vital.
Debería aplicarmelo en momentos de decadencia, que como toda persona de carne y hueso tengo. O esperabais una heroína de comic en forma actualizada con los tiempos? No me subestimeis...