Y una vez más recogí mis bartulos y salí corriendo. Sin ruta prevista. Sin tabaco y sin agenda telefónica.
No se donde fuí pero caminar me resultaba más ameno que estar sentada en cualquier banco.
Y terminé en un bar tomando un wisky con hielo entre la espesor del humo que por poco podía contaminar un local público.
De nuevo estoy, tumbada en la nada. Esperando un algo, en lo que poder permanecer sin preocuparme por lo que estoy haciendo.
Utopías...
Suena el reloj del salón. Las tres. Pierdo el tren si no levanto el moño.