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Oh soledad. Tanta compañía y tanta soledad.
Vivir en una gran urbe, como Barcelona, es muchas cosas más que vivir anónimamente. El trabajo es un poco deprimente, pero encuentras a personas justo con tu propia vida, entonces la soledad disminuye. Y llegas a casa después de subir cinco pisos de eternas y viejas escaleras, y el olor a él me envuelve antes de abrir la puerta. Justo en ese momento te alegras de estar donde estas. Sólo en ese momento. Debo decir, sin ofenderle, que odio esa ciudad. Odio trabajar de algo tan estúpido como ser dependienta en un lugar donde el arte, el diseño y la buena música envuelve mis alrededores. Gente que se siente viva haciendo cosas vivas y diferentes. La mitad moderneces sin meta alguna, pero vivas. Y yo sigo ahí, pasando siempre por las mismas calles, viendo distintas caras, excepto al llegar al trabajo y al regresar a casa.
Mi casa. Me gusta mi casa. Es una pequeñita cueva en medio del raval. El parket y la obra vista te elevan de clase social, pero la falta de agua caliente, y la vecina, te devuelven sin que me moleste al estado de siempre.
Mi paladar descubre cada día nuevos placeres, que más puedo pedir si es un cocinero de puta madre y un amante excepcional? Encima me hace reir. Me río tanto que hasta el abdomen se me esta poniendo duro! (O serán las escaleras?). Aún así, llegan mis vacaciones y me siento vacía. Me falta algo, y no se qué. Quizás en mi ansiedad descubra el enigma. Y no es más que el mismo deseo de siempre. El querer lo que no se tiene sin saber que es lo que se desea. El tener todo lo que necesitas y anhelar todo lo que antes no te hacía sentir completa. Es una completa enfermedad. Un búcle.
De momento, me despierto pensando en positivo, y me acuesto sin pensar. Cuando empiece la rutina de nuevo volverá la tormenta en mi interior. Es complicado de explicar. Pero mi cuerpo me pide aventuras y tranquilidad. No monotonía y agobio...
Barcelona, te quiero y te odio!!
Lluvia, silencio, un gris que nunca llega a ser blanco y tampoco negro.
Sol, sonrisas, un abanico de colores que airea allí donde piso.
Lluvia, sonrisas, un gris que acaba abanicando una brisa de colores.
Sol, silencio, unos colores que acabo por percibir sin saturación.
Lluvia, sol, silencio, sonrisas, abanicos grises que airean los colores a mi alrededor.
Lluvia.
Silencio.
Gris.
Sol.
Sonrisas.
Colores.
Lluvia...
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