i'm inmortal when i'm with you

Temas

Enlaces

Archivos

lid

Se muestran los artículos pertenecientes al tema cristales rotos.

27/10/2006

cristales rotos: capítulo II

Ángela vivía sola, antes de acoger a Clara en su casa. Para ella fue un ángel salvador, pues había estado casada, con Juan Silvano. Era un médico de un pueblo vecino, el cual al casarse con ella, se vino a vivir al pueblo, y juntos levantaron esa casa, pero no pudieron tener ningun hijo antes de la muerte del doctor. Le dio un infarto mientras traía al mundo a unos gemelos de su pueblo natal, o eso se cuenta. Pues en estas aldeas los rumores tardan poco en salir a la calle. También he oido en alguna de las tertulias en casa de los señores, que Juan no estaba en un parto, sino en un prostíbulo, haciendo la revision de alguna mujercita en sabanas de raso. Pero no son más que rumores baratos. A mi me parecía un hombre respetable y fiel a doña Ángela.
La pobre estubo sola tres años hasta la llegada de Clara. Y su hermana Consuelo la sacaba a pasear dando valor a su nombre de pila. La llevaba a todas partes consigo, pero tambien debía ocuparse de su família. La mujer, esposa de el Señor Teodoro Castillo, alcalde del pueblo y magnifico cazador, sentía una enorme deuda con su hermana mayor, cuya crianza, educación y amistad le debía. Sus padres, murieron tambien siendo niñas, y entonces eran tiempos más dificiles que los de esos tiempos. Pues entre Ángela, y Marcos, el padre de Clara, sacaron a adelante al resto de sus hermanos, nueve en total. Despues del accidente de su hermano, ya solo restaban seis, y ellas dos ocho. Pues los otros dos murieron durante la guerra, siendo aun practicamente niños. 
En el pueblo solo vivían Ángela, Consuelo e Isidro. Este el más joven de todos los varones, era maestro, y tenía una biblioteca en la escuela del pueblo, que el mismo llenó de libros y se encargó de administrar para poder dar una utilidad pública en la aldea, y tambien en los pueblos cercanos. Dejaba sus libros a cambio de nada, con la completa confianza que depositava en todos los aldeanos. Clara admiraba mucho a su tio, pero le daba respeto acercarse a la escuela, y verse amenazada por miradas y rumores por lo bajo. Así que su tía Ángela le traía libros de todos los tipos, menos de romances apasionados, pues detestaba ese ejemplo de fantasías amorosas para su sobrina. Al ser família de Isidro, podía permitirse el lujo sin dar explicaciones de cojer tantos como quisiera y devolverlos sin prisa. Le traía desde las historias más aterradoras, a las más bellas. De drama a acción. Ensayos, épica, poesía y teatro. Ciencia ficción y también los que se salvaron de la hoguera, como pociones mágicas de brujas, encanterios y parapsicología animal. La gran mayoria de autores tan poco cuerdos, que solían reirse juntas en la salita de estar mientras leían. 
Isidro bajaba de vez en cuando a visitar a su hermana y ver la evolución de Clara en matemáticas, ciencia y literatura. Pero de ellas, la tercera era la que más dominaba. Le dejaba cuadernos manuscritos de história, ciéncia, religión, números y letras, y todo lo que iba dando en la escuela. Y de vez en cuando le planteaba preguntas a modo de examen. La chica aborrecía los numeros, y la religión le daba risa. No creía en ninguna fuerza superior que hubiese creado nada en siete dias y mucho menos algo tan preciso como esta tierra. Yo tampoco creo en la creación. Pero no es fácil dejar de creer en todo, algo oscuro hay en todo esto que nos rodea.
Un día de los que Isidro visitó a su sobrina, esta no estaba. Ángela pensó que quizas estaba en la azotea, leyendo algun libro prohibido, o mirando fotografías de sus padres, como solía hacer a solas, sin darse cuenta de que esta la espiaba. Pero allí tampoco estaba. Isidro no tenía prisa, así que se sentó con su hermana para hablar un poco de sus cosas, mientras tomaban una copa de vino añejo y unas galletas que Consuelo les trajo de su viaje por el país. A Ángela todo le iba bien, comentaba. Todo gracias a su sobrina y el apoyo de sus hermanos, incluído él. Añoraba el amor de Juan, y un bebé entre sus brazos de madre, echaba de menos a su hermano Marcos y su cuñada, y sentía mucha pena por Clara y su extraña soledad. Isidro pensaba que su sobrina tenía un don. Un don fuera de lo normal, solía decir. Tampoco tenía esposa, no había encontrado a la adecuada. Era de mi edad, guapo y apuesto segun la gran mayoría de mujeres. Solo que maestro y de vida demasiado descarrilada también se oía comentar. Su hermana le recomendaba constantemente que buscase compañera sentimental, que le vendría bien tener una família y niños los cuales ella estaría encantada de ayudarles a criar. Pero negaba rotundamente con la cabeza y haciendo un sonido de chisqueo con la boca a la vez, le iba bien solo. Si algun día encontraba algo, ya se vería, decía. Resultó salirle los planes mal a Ángela con su hermano. Terminó viviendo en la capital y se cuenta aún que tubo varias relaciones estables, todas con hombres, eso sí. 
Mientras seguian charlando, se escuchó la puerta. Clara entró, con la cara toda seria, y los hombros encogidos. Tiritaba no se sabe si de frío o de miedo, y tenía los ojos ensombrecidos, ausentes. Miraba al suelo y sin decir hola se acercó a su tío, besándole la mejilla. Después a Ángela también. Los dos se quedaron sobrecogidos con la extraña aparicion de la chiquilla. Y antes de poder decir nada, Clara ya estaba subiendo las escaleras hacia su habitación.



Llame tres veces con suaves golpes en su puerta antes de entrar. Mi hermano se quedó abajo, de pie junto a las escaleras, como esperando que le dijese en qué podía ayudar. Le indiqué con la mano que aguardara tranquilo.
Abrí la puerta y la vi, boca abajo en su cama, aún tiritando. La ohí sollozar como si aguantara el llanto, dando golpes en la almohada. Me senté junto a ella, y le puse una mano en la espalda, frotando con cariño, consolándola. Sabía que era dificil para ella contarme sus penas. No lo hacía nunca, desde hacía mucho tiempo. Pero aquella vez era distinto, lo noté en su forma de llorar. Sus temblores no se detenían y me tenían algo asustada. Dije su nombre en voz suave, no decía nada, solo lloraba. Cuando se tranquilizó un poco se puso de lado mirando hacia la ventana. Me contó algo, avergonzada y distante. Cosas distintas, pero juntas una mezcla perfecta para su personalidad. Comprendí que hay cosas en las que yo no podía ayudar, sin más le di un abrazo y me besó la mejilla, sonriente. Hacía tanto que no la veía sonreír, que sin haberla ayudado sentí haber hecho algo por ella en esos momentos. La dejé una vez dormida tapándola con cuidado despues de quitarle los zapatos, y me fuí despacio de su habitación cerrando tras de mi la puerta. 
Abajo estaba Isidro inquieto, caminando de un lado a otro en la salita de estar. Le conté que era un problema menor, cosas de la edad y de mujeres, lo entendió. Aunque creo aún que no se quedó tranquilo. Terminó su vaso de vino sin sentarse, agarró su chaqueta y me besó antes de marchar, dejando en la mesa unos libros para Clara. Esa noche la escuché llorar un par de veces más, pues no pude pegar ojo. Y a la mañana siguiente, bajó tan normal, como si nada de eso hubiese ocurrido. Isidro tenía razon en cuanto la anormalidad de mi sobrina. Pero yo estaba muy tranquila, nadie es perfecto. Ni ella ni nadie. La quería tanto...
27/10/2006 20:08 Autor: lid. Enlace permanente. Tema: cristales rotos No hay comentarios. Comentar.

26/10/2006

cristales rotos: capítulo I

Una temprana mañana de abril, cuando el frío ya no es frío sino restos del de ayer, Clara salió descalza al patio de la casa de su tía Ángela donde pasó a vivir después del letal accidente que sufrieron sus padres años atras. Era una chica joven, embriagada de soledad; una soledad donde ella se encerró pasada la pérdida. Y nadie, ni siquiera su tia podía entrar, pese a la extrema confianza que les unía. Sus mechones de pelo, largos y ondulados, brillaban al movimiento que el viento les daba. Su tez firme, pálida e inalterable, sujetaba unos redondos ojos negros, y una nariz algo puntiaguda que sostenía una leve sonrisa bajo su cauce, una sonrisa apagada, de color morado. El camison de un color blanco vírgen, dejaba entrever su silueta, larga y delgada, sin más apoyo que el de dos infinitas piernas, como látigos de marfíl. Su madre solía contarle, que al nacer todo el mundo se asombró de su pálido color y firme piel, y de sus enormes ojos negros, que hasta la comadrona se echó a llorar al verlos. Se clavaban en cualquier corazón de tan felices que se mostraban. Pero ya no eran felices. Ahora eran dos piedras negras, desgastadas por las oleadas de tanto que había llorado. Se le notaba nada más mirarla. 
Ese día, un catorce exactamente, ocurrió algo, que cambió la vida de Clara al completo. Hasta su color de piel, pero eso lo contaré más adelante.
Yo trabajaba en el establo de la casa del vecino de doña Ángela. Agustín Candela era el propietario. Tenía siete hijos, dos varones y cinco hembras, todos ellos ya casados a la excepción de Matilde, de nueve añitos nada más, y Julián de veinticuatro, como Clara. Aunque se conocían solo de vista, pues Clara no estudiaba más que en su habitación, leyendo cualquier cosa encuadernada que llegase a sus manos. Suerte de su tía que era de leer. 
Agustín y Ángela se conocían por la mujer de este, que solía ir a tomar el te a casa de Consuelo, hermana Ángela, y de ahí su conexión. Pero tansolo se habían visto un par de veces, y a la mujer de Agustín, Doña Lourdes, no le gustaba mucho conversar. El día anterior a la increíble história, yo estube dentro de la casa con Don Agustín, arreglando una butaca y algun otro desperfecto que llevaba tiempo queriendo reparar. Y ese día las mujeres fueron a tomar el te a casa de los Candela, mirandome mientras trabajaba con caras desde el asombro hasta la pena, desde la avaricia hasta el odio. No sabía si salir corriendo, o empezar a desnudarme ante sus ojos de mujer desesperada. Claro que hubiese sido gracioso, pero no quería perder el trabajo, que bastante me daba para comer un poco de pan y pimientos asados, y algun domingo un trozo de pollo rancio del domingo anterior. Así era mi vida. La mayor aventura la pasaba al llegar la noche, observando a Clara desde la ventana. La veía peinar su larga cabellera sentada ante su tocador de madera de roble pintado de blanco, y con adornos color oro anciano alrededor del espejo, ovalado e intacto, como el dia de su elaboración.
Esa noche más que ninguna, me quedé con la boca abierta y un garabato de pánico en mi cara cuando vi aquello. La chica se peinaba placidamente, aunque con esos mismos ojos tristes cuando de golpe paró, dejando el cepillo sobre el tocador y se quedó unos segundos mirandose al espejo muy seria. Puso su dedo indice pegado al espejo, y, sin haber yo bebido ni fumado puros de Don Agustín, que a veces me invitaba, vi parpadear la imagen varias veces, poniendose totalmente oscura como una cueva, donde creo asegurar se podía entrar. Clara cayó del taburete hacia atrás del mismo susto. Miro por la ventana para ver si alguien la estaba mirando, pues se veía desde los jardines. Yo di un paso atras escondiendome en la sombra, pero tampoco me hubiese visto. Se puso de pié, más blanca de lo normal, y se acercó de nuevo al espejo, rozando con miedo su dedo por encima. Pero nada pasó. Puso para asegurarse completamente su mano, y nada en absoluto hizo volverse un agujero al espejo. Suspiró, se lo vi incluso yo, que estaba mas tieso que un palo, del pánico que me entró, que ni pude dormir esa noche, pensando en los poderes que podía tener esa niña, o en los poderes del espejo mágico. O en... ¡Diós, la de cosas que se me pasaron por la cabeza! Aún así cuando Clara ya se acostó, tapada hasta el cuello seguramente, y se apagaron las luces, decidí acostarme para ver si dormía algo, o el que se iba a morir de miedo iba a ser Agustín, al ver mi cara de madrugada.


(insomnio)
26/10/2006 18:56 Autor: lid. Enlace permanente. Tema: cristales rotos No hay comentarios. Comentar.


Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/

Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]